La noche en que Jay Payton quiso cobrarle la factura a José Lima, por su «Lima Time»

Las extravagantes celebraciones de Jefry Yan, lanzador de los Mets de Nueva York, han hecho correr mucha tinta en los últimos meses. Su energía e histrionismo tienen divididas las opiniones entre quienes las ven como una provocación o falta de respeto al bateador, y quienes las consideran un espectáculo, una forma de mostrar la pasión con la que vive el béisbol.

Eso le ha hecho ganar popularidad, aunque también una cuota de detractores en el béisbol.

Jedry Yan realiza su espectacular salto para celebrar un ponche.

Jedry Yan realiza su espectacular salto para celebrar un ponche.Fuente externa

Su caso nos recuerda a otro popular lanzador dominicano, al extinto José Lima y su “Lima Times”, querido por muchos y odiado por otros, por su manera de vivir el béisbol.

Lima protagonizó pleitos por este tito de celebraciones y quizás uno de los más recordados sea el que sostuvo con Jay Payton, quien “no pasaba” al tirador quisqueyano.

Ocurrió el 2 de mayo de 2001, cuando entre jonrones, provocaciones, un pelotazo y un receptor convertido en guardaespaldas improvisado, Lima y Payton estuvieron a punto de convertir una vieja guerra de gestos en una pelea de verdad.

El Lima Time

El dominicano tenía una manera muy particular de vivir el béisbol. Cuando dominaba a un bateador, no parecía simplemente haber conseguido un out. Parecía haber ganado una pequeña batalla personal. Gestos, gritos, ademanes, movimientos teatrales y una dosis generosa de picardía completaban el espectáculo.

A los aficionados les encantaba

A sus compañeros, muchas veces, también.

Pero había un pequeño inconveniente: los bateadores rivales tenían que tragarse el espectáculo desde la caja de bateo.

Y algunos no estaban precisamente encantados con la función

Jay Payton llevaba tiempo acumulando la factura.

El jardinero de los Mets tenía, además, un argumento bastante convincente para sentirse con derecho a protestar: le estaba bateando a Lima como si conociera de memoria su repertorio. Antes de aquella fatídica entrada, Payton venía de batearle de 4-4, con dos cuadrangulares.

Aquella noche, sin embargo, decidió que un jonrón más podía servir para algo más que sumar una carrera.

En la quinta entrada, Payton volvió a castigar a Lima con un jonrón.

La pelota salió disparada y Payton inició el tradicional recorrido por las bases. Pero aquel no era un simple paseo de cuatro estaciones. Según las crónicas de la época, el bateador celebró de manera desafiante, como si estuviera devolviéndole a Lima una cucharada de su propia medicina.

El mensaje parecía bastante claro:

“¿Te gusta celebrar? Mira cómo se hace.”

Y ahí, en algún lugar entre primera y segunda base, el béisbol empezó a dejar de ser solamente béisbol.

Lima tomó nota.

Payton tomó nota de que Lima había tomado nota.

Y el destino decidió que ambos volverían a encontrarse inmediatamente.

Se acabó la diplomacia

Sexta entrada. Dos outs. Corredores en primera y segunda.

Y Jay Payton regresó al plato.

Era una de esas situaciones en las que el estadio parece quedarse esperando algo.

Primer lanzamiento. La pelota se fue alta y adentro.

Golpeó a Payton en el codo izquierdo.

No hubo necesidad de revisar ninguna repetición para saber que aquello iba a terminar mal.

Payton dejó caer el bate y, casi inmediatamente, lanzó el casco contra el suelo.

Después hizo lo que en el béisbol suele provocar que los entrenadores envejezcan varios años en cuestión de segundos: caminó hacia el montículo.

La sangre estaba hirviendo.

El receptor de los Astros, Brad Ausmus, comprendió rápidamente que aquello podía convertirse en una estampida. Se lanzó sobre Payton, lo sujetó por la cintura y trató de frenarlo.

Payton forcejeaba. Ausmus lo sujetaba.

Y entonces ocurrió lo inevitable: los dugouts se vaciaron. Los bullpens también.

De repente había peloteros corriendo desde todas partes, El terreno se convirtió en un enorme nudo de uniformes, brazos, gritos y empujones.

No hubo, finalmente, una batalla campal de película. No llegaron los puños limpios que algunos fanáticos quizá esperaban.

Pero tampoco hubo precisamente una cordial reunión de vecinos.

Lima y Payton fueron expulsados.

El béisbol había puesto punto final al episodio.

La discusión, sin embargo, apenas comenzaba.

Después del partido, Payton fue directo al grano. Para él, aquello no había sido accidente.

“Ese lanzamiento fue intencional”, sostuvo.

Y añadió que cualquiera que hubiera visto la jugada podía darse cuenta de lo ocurrido.

Lima, naturalmente, tenía otra versión. Para el dominicano, aquello había sido un mal lanzamiento. Punto.

Su argumento era que Payton se colocaba demasiado cerca del plato y que no era la primera vez que recibía un pelotazo.

Pero Lima no se quedó ahí.

Con esa mezcla tan suya de indignación y teatralidad, consideró injusto que Payton no recibiera una suspensión.

Según Lima, Payton había intentado “matarlo” al lanzarse hacia el montículo y, además, había sujetado de manera peligrosa a Ausmus.

La controversia no terminó en el terreno. Larry Dierker, mánager de los Astros, revisó la jugada y defendió parcialmente la versión de Lima.

Dierker explicó que Lima tenía un problema recurrente con sus lanzamientos altos. Según su observación, cuando Lima soltaba la pelota demasiado arriba, tendía a sacar la cabeza hacia un lado. En aquella ocasión, incluso señaló que el pitcher no estaba mirando directamente hacia Payton cuando lanzó.

Era un detalle importante.

Porque había una diferencia enorme entre:

“Lima quiso golpearlo” y “Lima volvió a cometer uno de esos lanzamientos altos que se le escapaban.”

Payton, por supuesto, no compró la explicación.

La oficina de las Grandes Ligas terminó inclinándose con claridad.

Lima recibió una suspensión de cinco partidos y una multa económica.

Pyton recibió una multa de 1.000 dólares por intentar cargar el montículo.

Lima inicialmente apeló. Después decidió retirar la apelación y aceptar el castigo.

Eso sí, dejó claro que aceptar la sanción no significaba admitir que hubiera lanzado intencionalmente contra Payton.

“Soy humano”, explicó Lima al defenderse: podía hacer un mal lanzamiento.

Lima había convertido sus actuaciones en un espectáculo. Su personalidad era parte inseparable de su manera de competir.

Eso hizo de Lima un personaje extraordinariamente querido por muchos aficionados.

Pero también consiguió algo que no todos los jugadores podían permitirse: convertirse en el enemigo favorito de algunos bateadores.

El curioso legado del “Lima Time”

Lo más interesante de aquella noche es que, muchos años después, el episodio sigue contando algo esencial sobre José Lima.

Lima no era simplemente un pitcher.

Era un espectáculo ambulante.

Por Admin

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